¿Desde que lugar de ti te relacionas en Pareja? Niño Interior

"¿Desde que lugar de ti te relacionas en Pareja?"

CRECIENDO EN EL AMOR: DE NIÑOS A ADULTOS

«Cuando nos miramos al espejo nos vemos adultos y crecidos. En nuestro interior nos sentimos como niños pequeñitos»

Esto nos refleja la desconexión que experimentamos entre nuestro desarrollo físico, emocional y espiritual. Y pensamos que porque nuestro aspecto es de adultos ya no deberíamos sentirnos vulnerables.

Que toda muestra de nuestro sentir es demostración de debilidad. Pensamos que lo que nos sucede es erróneo y terminamos negándonos a nosotros mismos. Negamos lo que verdaderamente vivimos, nuestro dolor ante una discusión, la pérdida de alguien importante para nosotros, el miedo a que no nos quieran, a no gustar, a no conseguir lo que verdaderamente deseamos.

Si cuando éramos pequeñitos no nos hemos sentido atendidos emocionalmente en determinados aspectos de nuestro ser, ese aspecto nuestro lo seguiremos viviendo desde ese niño y en correspondencia a la edad que teníamos.

«En las relaciones de pareja se nos despiertan todas las carencias emocionales que vivimos de pequeñitos. Nuestros viejos dolores, y creemos que el responsable de ese dolor es nuestra pareja».

En realidad, lo que estamos viviendo es el despertar de un recuerdo doloroso que aún no hemos sanado en nosotros. Es el resonar del pasado en nuestras circunstancias presentes. Nuestra tarea para madurar emocionalmente, es comenzar a reconocer y discernir el pasado del presente.

¿Cómo saber si nos estamos relacionando desde el niño herido y la carencia o desde el niño sano y abundante?

Cuando nos relacionamos desde nuestro niño herido o carente vivimos nuestras relaciones desde el anhelo constante de recibir más del otro. Por más que recibimos, nada consigue saciarnos y otorgarnos el consuelo que buscamos. Un sentimiento de soledad,  abandono, incomprensión y necesidad de control nos acompañan.

 

La visión del niño es atemporal. Un niño vive totalmente en el presente por lo que todo lo vive como si fuese a ser para siempre. No tiene, como un adulto, la capacidad de cuidarse por si mismo sino que necesita de sus padres y de los demás para vivir. El niño, es un lugar donde esperamos a que el otro nos dé, nos cuide, nos tenga en cuenta porque nosotros no sabemos como hacerlo. La mirada del niño está puesta afuera, está en revindicar y protestar por lo que no le dan y merece.

Por eso, cuando nos relacionamos desde el niño buscamos en nuestra pareja que nos ofrezca lo que nos faltó emocionalmente de nuestros padres. Buscamos en el otro la solución a nuestras heridas y dolores pasados. Deseamos que nos salve y que nos haga felices.

Sin embargo, hasta que nosotros mismos no comencemos un camino de abrazar a nuestro niño herido, despertemos nuestro interés por conocerlo, comprenderlo y cuidarlo desde el amor, seguiremos percibiendo nuestras relaciones de pareja insuficientes e insatisfactorias.

Es como si el amor que recibimos se nos escapase por aquellas heriditas que no conocemos y no cuidamos de nuestro niño interior.

Si tu no te escuchas ¿Quién va a hacerlo por ti? Si ocultas tus sentimientos a los demás ¿Cómo van a saber lo que necesitas? Si no te aceptas tal como eres ¿Cómo van a aceptarte los demás?

“Necesitamos aprender a ser para nuestro niño interior padres amorosos e incondicionales. Auto educarnos desde el amor y la comprensión profunda de nuestro ser”

Porque ya de adultos tenemos la oportunidad de cambiar nuestra historia ofreciéndonos por fin lo que nuestro niño siempre anheló: amor y aceptación de su ser, independientemente de su comportamiento.

 

Cuando nos relacionamos desde el niño sano y natural nos sentimos agradecidos por el amor que recibimos de los demás.  Conocemos que cosas nos hacen sentir bien y cuales no.

Somos y nos expresamos de manera espontánea. No nos culpamos por mostrar nuestro dolor y sentimientos sino que hemos aprendido a permitirnos ser en las alegrías y las penas.  A aceptar que en la vida hay muchas circunstancias que duelen y que no podemos cambiar a pesar de que nuestro deseo sea otro.

Lo que he experimentado en mi propia piel y trabajando con personas es que  lo que más nos cuesta es aceptar nuestras limitaciones, aceptar que no podemos cambiar a los demás, aceptar que hay experiencias que duelen y a veces mucho. Que las cosas no son como nos gustarían y que la vida son ciclos donde a veces estamos en un valle y otras en una cima.

Pero que la fantasía de que quizás llegará un día donde ya no haya valles, tristezas, dolores, aprendizajes… es solo una fantasía.

Ya de adultos tenemos la posibilidad de observarnos, conocernos y cuidarnos en aquellas cosas que suceden en nuestras relaciones que nos generan dolor.

«Porque tu cuerpo y tu sentir nunca mienten. Son tu verdad en cualquier momento. La mente es la que busca una solución lógica a una sensación. Y la única solución satisfactoria que tiene un sentir es sentirlo y permitirlo ser».

Con todo mi amor y cariño, 

Gabriela Fernández Jover

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Gabriela Fernández, Coach y Terapeuta especializada  en Apego y Relaciones de Pareja.

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